Los tripulantes de la goleta Tara atracaron en Noruega tras navegar a la deriva durante 507 días por el ártico, perdidos en el silencio del planeta hielo, entre auroras boreales y no pocas odiseas para medir los efectos del cambio climático.
El barco tara en el puerto de longyearbyen, enEsta misión, concebida en el marco del Año Polar Internacional (API), en el que se constató un deshielo histórico de la banquisa ártica, permitió examinar durante casi año y medio las consecuencias del calentamiento global en el Polo Norte, entre Siberia y Groenlandia.
La misión acabó, pero la expedición durará hasta Lorient, ciudad portuaria francesa adonde Tara llegará dentro de un mes, afirmó Grant Redvers, el jefe de expedición neozelandés, el único que no pisó tierra firme desde septiembre de 2006, ya que sus colegas relevaron a un equipo anterior.
Lo celebraron hasta bien entrada la noche en la dársena de Longyearbyen, acompañados por un cielo estrellado y una luna anaranjada que iluminaba las montañas nevadas que velan por los fiordos de Spitzberg.
Navegar en estas condiciones parecía aventurado, pero la suerte se puso de su parte desde el comienzo de la travesía. No podía ser de otra manera. Tara, la diosa tibetana salvadora, nacida de una flor de loto, veló por ellos.
Redvers y Bourmard asienten. Su peor experiencia en 16 meses fue una gran fractura de la capa de hielo cuando llevaban unos días a la deriva. Todo el material científico quedó desperdigado sobre la banquisa fragmentada. La deriva estuvo a punto de nacer muerta, recuerdan.
Para todos ellos y para sus compañeros de las etapas anteriores esta aventura quedará grabada en sus mentes. Esas noches de luna llena, de auroras boreales, perdidos en el silencio del planeta hielo, sin olor ni color, esa noche mágica, no los abandonará nunca.
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