Una suave brisa recibe al visitante que posa sus pies en Valdearcos de la Vega. El viento lleva consigo aromas que evocan al Valle del Cuco. Poco a poco, el cuerpo se olvida de las preocupaciones, deja atrás los quebraderos de cabeza propios del quehacer cotidiano y se prepara para vivir horas de plenitud, de sosiego, de placentera templanza.
Valdearcos es por su situación un lugar privilegiado, hermano de otros cuatro municipios que comparten lazos de histórica amistad forjados a la orilla del legendario arroyo del Cuco. La localidad presume del carácter siempre acogedor de sus gentes. Personas de aquí y de allá, hombres y mujeres nacidos en su término y otros que forjaron en Valdearcos su hogar tras haber cruzado uno y mil mares. Todos son hoy parte de este gran proyecto valdearqueño, un velero anclado en las orillas de un verde valle que navega hacia el futuro sin dejar de mirar atrás. El pasado tiene peso en Valdearcos de la Vega.
El municipio no ha sido ajeno al devenir histórico que ha regalado recuerdos intemporales en forma de edificios y representaciones arquitectónicas labrados en piedra. La Plaza Mayor es el centro de toda la actividad. En ella se sitúa la iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, templo construido en el siglo XV que presenta reformas posteriores, de cuya primitiva construcción se conserva sólo la bóveda de terceletes de la capilla mayor.
Aunque algunas de las obras que en tiempos ya lejanos cobijó la iglesia marcharon con rumbo a otros lugares, en su interior aún es posible contemplar esculturas como las de Cristo en la Cruz, fechada en el siglo XVIII; la Asunción de la Virgen, realizada en 1724 por el escultor de Medina de Rioseco Tomás de Sierra, o una bella Cruz de Plata de estilo gótico. En Valdearcos de la Vega se alzan también solemnes ermitas. La de Nuestra Señora de la Zarzuela, dedicada a la patrona de la localidad, aparece justo a la entrada del pueblo, dando nombre a un sendero por el que el visitante ha de adentrarse en el término. De pequeñas dimensiones, guarda una imagen de vestir de la Virgen titular, del siglo XVIII. No desmerece la ermita del Santo Cristo, de similar tamaño y alzada en piedra, con interior cubierto de armadura de madera. Edificios que durante el año acogen oficios y actos litúrgicos, a veces con motivo de alguna fiesta.
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