Desde un bote Zodiac, y sin perder de vista a los chicos, Marina Sans instruye a los alumnos de la Escuela de Optimist del Salinas Yacht Club, considerada la división menor del velerismo.
Es jueves por la mañana. Desde la rada de Salinas se aprecian los grandes edificios del balneario. La clase es amena pese a que el cielo está nublado y sopla viento.
A ratos Sans reúne en su bote a cinco chicos. Les da instrucciones, les habla de cómo deben ubicarse dentro del pequeño velero, de cómo identificar la dirección del viento, el manejo de la vela. Luego los ubica, por turnos, en dos embarcaciones para que empiecen a guiarlos.
Los hermanos Roberto y Víctor Maspons son los más entusiastas. Es su primera clase. Roberto (9 años) dice que tenía cierto temor al salir a navegar mientras para Víctor (7) me pareció muy bacán. Yo no sentí miedo.
Todos los 15 alumnos con que cuentan por ahora (el 2007 fueron 40), y que son hijos de socios del club, llegan sin los conocimientos de la disciplina. Mi trabajo es introducirlos al deporte y la primera tarea es quitarles el miedo. Eso se lo logra dándoles confianza, enseñándoles lo que se hace y lo que no se hace.
Como parte de esa tarea, que se inicia en tierra con algunas recomendaciones, Marina les realiza juegos en el agua, también les lanza una camiseta al agua, para ver quién la toma primero.
Les hago juegos con dos objetivos: para que se diviertan y para que se den cuenta que están en el mar y no pasa nada. Cuando juegan ninguno se queja de la ola ni de nada, dice la instructora, quien lleva dos años en el país.
La clase inicial es en tierra. Lo primero que se les enseña son las partes del bote y las maniobras para arrancar y frenar el bote así como los cambios de rumbo.
Sans explica que en velerismo no existe una metodología de enseñanza o una línea de trabajo especial. Yo fui aprendiendo con el tiempo y con la experiencia. Sé lo que tengo que hacer y cómo manejarme. Se estudia para ser profesor pero lo importante es que esto tiene que gustarte, tener paciencia a los chicos y estar dispuesto a aprender de ellos.
Este ciclo se inició el 19 de enero. El programa, de 20 sesiones, cuesta USD 100. Pasado ese plazo, pueden seguir recibiendo instrucción sin costo alguno hasta el término de la temporada.
Las clases, destinadas a niños de ambos sexos desde los 6 años, se imparten de martes a domingo, de 10:00 a 13:00. Su centro de operaciones es la marinería del Salinas Yacht Club.
Allí, a cada niño se le enseña, además de las partes del bote, cómo lo tienen que armar y desarmar así como limpiarlo. Esta es una forma de enseñarnos la responsabilidad de cuidarlo, dice Doménica Valdano, de 9 años.
Los niños llegan motivados por sus padres y por las noticias de triunfos de los timoneles del club. Yo he navegado con mi papá en barcos grandes. Esto es bonito porque se ven los pescados, dice Marcela Baquerizo, de 9 años.
Este es un deporte que se practica en el país desde 1984, cuando llegaron los dos primeros barcos fabricados en España. Fueron adquiridos por Santiago Romero, velerista de Lightning, para distracción de sus hijos.
En 1985 se creó la Escuela del Salinas Yacht Club. Se contrató al técnico argentino John Steven y en dos años formó a los primeros 76 timoneles. Desde ahí el país ha inscrito grandes triunfos como títulos sudamericanos, bolivarianos, así como la organización en Salinas y la participación en Campeonatos Mundiales de Optimist.
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