En 1973 sus padres decidieron trasladarse a Logroño y dada su tierna edad para él no resultó «nada traumático» el cambio, sostiene. «Igual fue peor para mi hermana, que tenía 16 años y estaba en plena adolescencia, pero empezamos de nuevo, hicimos otros amigos y pronto estuvimos a gusto». Además, el distanciamiento de Eibar se había producido incluso antes, porque a pesar de que seguía acudiendo al colegio de Urkizu se habían trasladado a un caserío de Berriz. «Vivíamos en el monte y aquello era una gozada», rememora.
A su regreso le surgió la oportunidad de trabajar en Suministros Evia, empresa eibarresa dedicada a la comercialización de artículos de pesca deportiva. «Mi abuelo fue uno de los socios fundadores, había una vacante y me apunté al carro», prosigue su relato, habituado desde entonces a moverse entre anzuelos, carretes y cañas de pescar. «Empecé a venderlos por La Rioja, Burgos, Navarra, Aragón y Andorra. Así estuve desde 1993 hasta 2004 en que me vine a la sucursal de Canarias».
Su hija y su ex mujer permanecen en Logroño, a donde acude a menudo. «Todos los meses voy un par de días a Eibar, por mi vínculo con la empresa, y luego el fin de semana a La Rioja», comenta Guillermo, que por ello mantiene un contacto «muy estrecho» con el lugar en el que nació.
«Quizás no tiene el tirón que tenía en los años en que yo era pequeño. Me acuerdo cómo al salir del colegio sonaban las sirenas de los talleres y veía aparecer a los obreros de la calle Txonta como si fuera una riada. Esas cosas ya no se ven». Es consciente de que ha transcurrido el tiempo y ahora no tiene una idea global de la realidad, «porque tampoco paso un fin de semana ahí y no lo vivo de forma total», pero aún así percibe que «no es lo que era», ya que, entre otros aspectos, «ha perdido población y... bueno, no creo que vaya a descubrir nada que cualquier eibarrés no sepa».
En Las Palmas se siente como pez en el agua. «No me quejo; me costó bastante poco adaptarme, tengo aficiones que me permitieron conocer gente y llevo una vida social bastante intensa. Además el clima es fabuloso y como tengo garantizado moverme todos los meses, no echo nada en falta». Su compromiso con la empresa no tiene fecha de regreso, por lo que «mientras las cosas sigan bien, seguiré aquí», planea.
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