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Rebelión a bordo
2008-05-24
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Rebelión a bordo
 
Resulta inquietante en nuestro sistema de partidos la trascendencia que a veces tienen las decisiones de los militantes, incluso las que deciden en ocasiones un puñado de ellos. El PSOE malagueño está sumido ahora en ese proceso. El PSOE nacional pasó por la travesía hasta llegar al 35 Congreso, donde nació por una carambola democrática ese nuevo líder llamado Zapatero.

Un congreso al que se desembocó después de unas primeras primarias que arrojaron al mar de los Sargazos a un Josep Borrel que corría demasiado y a un Joaquín Almunia que resultó ser demasiado lento, ambos sin marinería suficiente para llevar a buen puerto la Bounty socialista. Sólo se llegó cuando un joven Zapatero aglutinó los votos de quienes golpeaban al candidato oficialista, el hoy presidente del Congreso José Bono, acariciándole a él en las urnas.

Pero ni mucho menos todos los que votaron al candidato revelación, hoy líder indiscutido, pensaron en él como en el mejor secretario general, y menos como un futurible presidente del Gobierno. Sencillamente votaron contra el compañero adversario.

En clave provincial, y parece que con un buen candidato ya casi estrellable, votaron algunos en la presuntamente crítica agrupación Centro de la capital este jueves. Ni el propio Heredia, candidato oficial, hubiera soñado obtener 12 de los 23 espaldarazos en liza conseguidos en dicha agrupación díscola. Ni Fernando Arcas, el candidato alternativo, obtener menos de 15. Pero así funciona la militancia en clave orgánica a la hora de posicionarse, tras ser convenientemente barnizada en la carpintería política. El fin justifica ciertos medios, por ejemplo, ganar al compañero adversario aunque sea pactando con el compañero mercenario. También se da aquello de "seré vuestro antes que favorecer a los otros". Y por supuesto el conocido asunto de "ahora cumple lo que me prometiste, que ya he votado lo que me dijiste". Mientras, gente estupenda en uno y otro lado intenta alejarse de las sentinas del barco que navega con el lastre de la maldita inercia conseguida de tormenta en tormenta. El problema es que detrás está la ciudadanía en la que se pensará sólo en el salto de lo orgánico a lo institucional, a la hora de pedirle su respaldo electoral en las elecciones.

Detrás el pueblo, no delante, en la hora tribal de votar la candidatura más idónea para dirigir el partido y, por ende, para incidir posteriormente en la gobernabilidad del Estado en cualquiera de sus circunscripciones territoriales y escalas institucionales. Lo tristemente acostumbrado.

Eso es lo que ha venido a decir el popular Hernández Mollar, aunque referido a la tormentosa singladura actual del PP a nivel nacional. Del PP, y de su presidente en horas bajas, Mariano Rajoy, que está viendo cómo el monstruo que no impidió alimentar a base de gaviota popular (manifestación tras manifestación de caspa y purpurado), quiere ahora devorarle el hígado como a un Prometeo encadenado al palo mayor de la zozobrante nave popular, que a él no le crecerá más si de cara al próximo congreso lo pierde.