El sector turístico cree que podrá asumir parte del paro que provoca la crisis de la vivienda Horeca espera recuperar la mano de obra que se fue a la construcción por sus altos sueldosLa tormenta se ha desatado sobre el mercado laboral de la provincia gaditana. El flamante velero que navegaba a mejor ritmo que la media española se ha revelado demasiado frágil con las primeras olas de fuerte marejada y las vías de agua brotan por todas partes, sobre todo, en el camarote de la construcción. Los primeros en caer al agua han sido los marineros del ladrillo, que ya suman casi 17. 300, la peor cifra en un comienzo de año desde 1996, allá por los últimos bandazos de la anterior crisis económica. Pero no son los únicos. Cádiz suma más de 113. 000 desempleados, también el peor registro en una década.
Además, este año parece surgir una novedad más respecto a los últimos ejercicios. Antonio de María Ceballos, presidente de Horeca, admite que el paro de la construcción puede venirle bien a la hostelería. «Con el boom de la construcción, muchos jóvenes prefirieron irse a la obra porque cobraban mucho más y se encontraba empleo fácil y rápidamente. Eso ha provocado que durante otros veranos haya sido bastante complicado cubrir la demanda en el sector de la hostelería, algo que seguramente no pase éste, por lo que se está viendo de destrucción de empleo en la construcción», explica el portavoz de la asociación de hosteleros gaditanos. El optimismo se agranda cuando se habla con el presidente de los hoteleros de la provincia, Antonio Real, quien prevé «mantener el mismo ritmo de ocupación que el año pasado». La patronal de los establecimientos con estrellas subraya asimismo que este año la temporada viene con adelanto, ya que la Semana Santa se celebrará a mediados de marzo, al igual que el Gran Premio de Motociclismo.
Sólo con estas dos citas, el sector empezará a calentar motores y ya no volverá a ponerse al ralentí hasta octubre. Es decir, que la tabla de salvación que supone el turismo estará aquí antes que nunca y en eso supone otro punto de ventaja respecto a lo ocurrido en temporadas precedentes.
Como en todo, hay objeciones. Una tormenta no deja de ser una tormenta y de la calma es mejor no fiarse por mucho que se tenga el salvavidas a mano. Por eso, sobrevuela una nube sobre el turismo gaditano que preocupa a todo el sector: la restricción del consumo. «Porque está claro que la gente no va a gastar lo mismo este año por la crisis de las hipotecas o las subidas de los precios de los productos más básicos como los alimentos», sostiene Horeca a través de su presidente. Con todo, el colectivo de hosteleros no teme tanto una restricción en el número de visitas durante el verano como una moderación en el gasto diario de los gaditanos en sus restaurantes y cafeterías. «Puede que las vacaciones sean sagradas, pero el aperitivo o el desayuno serán los primeros gastos que se recortarán cuando haya que ajustarse el cinturón», declara Ceballos.
Antonio Arcas, del Observatorio, no ve tan claro el efecto de la crisis y contraataca con una apreciación de lo más gráfica: «Somos capaces de dejar de comprar unos pantalones con tal de irnos de vacaciones porque ha pasado de ser un lujo de unos pocos a una necesidad». «Es lo último que se dejará de hacer», secunda el presidente de la Cámara de Comercio de Cádiz, que incide en que la provincia es un destino nacional en verano y, por lo tanto, las vacas flacas le afectan en menor medida porque el gasto no es tan elevado.
«Es una buena oportunidad», concluye Arcas antes de lanzar un mensaje que quizás no case con este aprovechamiento de río revuelto y rescate a toda prisa: «La mano de obra tendrá que ser cualificada, si no queremos dilapidar nuestro futuro turístico con mano de obra no profesional».
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