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| Me pareció muy educado, tranquilo y nada divo |
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Fueron sólo nueve horas. Durante ese tiempo la cubierta de El Odissea de LEmpordà se convirtió, el pasado verano, en un plató de cine de la mano de Woody Allen. Por sorpresa y con el mayor de los secretismos, como estila el genial neoyorkino, Bill Basagoiti, un gijonés, afincado en la Costa Brava, recibió el encargo de convertir su velero de 23 metros de eslora en un barco de película. «Fue un trabajo inolvidable», señala el gijonés sobre el rodaje de Vicky Cristina Barcelona.
Con el director neoyorkino se cruzó unas cuantas veces por la cubierta del barco, lugar elegido para rodar todas las escenas, charló y se hizo una foto en puerto. «Me pareció muy educado, tranquilo y nada divo», dice.
El trabajo de Basagoiti durante la jornada era pilotar el barco escasos metros mar adentro para que los cámaras captasen el desplazamiento. Durante ese período el neoyorkino esperaba en tierra, mientras su actriz fetiche de los últimos tiempos, quedaba en manos de la pericia del patrón gijonés. «Me sorprendió, no iba de superestrella y se transformaba ante la cámara», dice el patrón de la protagonista.
Aunque actores y técnicos resaltan la velocidad a la que rueda el neoyorkino a Basagoiti, sin experiencia cinematográfica, algunas escenas le parecieron eternas por el número de veces que tuvieron que repetirse. «Todo se desarrollaba con mucha tranquilidad, a pesar de eso», destaca Basagoiti.
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