Una semana escolar, el plazo que transcurre desde el lunes hasta el viernes, es lo que dura el programa que desarrolla cada uno de los grupos escolares que participan en la Semana del Mar, que organiza como cada año el Club Náutico de Sant Antoni. Esta semana los protagonistas de esta aventura son 23 escolares de cuarto, quinto y sexto curso de básica de los colegios de Buscastell, Sant Mateu y Torres de Balàfia, de Sant Llorenç.
Se trata de un grupo atípico, dado que los restantes suelen estar formados por alumnos de un solo centro y de un solo curso, pero en este caso asisten a escuelas unitarias con muy pocos alumnos, por lo que se ha tenido que formar un grupo con escolares de tres colegios y de tres cursos. «Los grupos semanales suelen ser de unos 25 colegiales», señala la monitora de vela Nuria Jiménez, una de las participantes en ese proyecto pedagógico y cultural para la divulgación del medio marino, que se desarrolla con el apoyo del Consell y los ayuntamientos.
Las actividades con cada grupo escolar duran toda la semana. En este caso los niños participantes están acompañados por un profesor de cada centro: Ana Hernández por el de Buscastell; Manuel Miralbell por el Torres de Balàfia, y Dolors Rovira por el de Sant Mateu. Los dos primeros días, lunes y martes, supusieron para estos niños una experiencia de choque con el mundo del mar, ya que estuvieron navegando con un velero, a bordo del cual pasaron la noche del lunes en el puerto de Sant Antoni.
En la ruta que realizó el barco los excursionistas visitaron sa Conillera y las playas de Cala Bassa y Cala Vedella y tuvieron oportunidad de conocer las especies más comunes de la flora y fauna marinas. Asimismo, asistieron a un taller de nudos marinos y se les explicaron algunos aspectos de la navegación. El miércoles se realizó una excursión a ses Salines, que incluyó una caminata con destino la torre de ses Portes, donde participaron en juegos como la búsqueda de un tesoro.
Ayer jueves, los participantes tuvieron oportunidad de volver a navegar a vela, en este caso en dos embarcaciones tipo gamba propiedad del Club Náutico de Sant Antoni. Parte del grupo se transportaba en una lancha neumática, que servía en algunos casos para arrastrar a las dos gambas, debido al escaso viento reinante en el interior de la bahía.
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