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La isla de los museos
2008-03-15
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La isla de los museos
 
Mallorca ha entrado ya en el circuito artístico. En esta isla del Mediterráneo español, los palacios y arquitecturas de Moneo o Libeskind encierran algunas de las grandes colecciones de pintura y escultura, como las de Joan Miró, Miquel Barceló, Pablo Picasso, Magritte, Blanchard, Gris, Picabia, y los precursores mallorquines de los siglos XIX y XX. Mallorca también es tierra de museos. Aun sin caer en los dominios de la grandilocuencia y la provocación de los edificios monumentales, en la isla se proclama con intensidad el arte y la arquitectura contemporáneas. En Palma, las referencias están en los fondos y los talleres donados por Joan Miró, los dos museos palacios de Juan March y las piezas coleccionadas por sus dos ramas de herederos, y, también, en las construcciones modernas con firma de arquitectos de gran talla: Rafael Moneo, Josep Lluís Sert, Hassan Fathy y Daniel Libeskind, en los dos últimos casos con obras en Andraitx y Alcúdia.

La potencia de la Fundación Joan y Pilar Miró, con el legado y patrocinio familiar, estaba marcada antes de nacer. Además de la presencia mironiana, contaba con otra importante referencia artística en el taller, un templo de luz, con alas en la fachada, que levantó Josep Lluís Sert. En este espacio laten las últimas pinturas en las que Miró trabajó, sus objetos fetiche y sus muebles, una imagen de ausencias y testamento plástico.

En los noventa, Rafael Moneo homenajeó a Miró ideando una gran sede y sala de exposiciones. Es un largo muro contenedor, con un lago superior, para intentar señalar la línea de vistas en el mar lejano y ocultar las torres de los desastres inmediatos. El edificio de Moneo crea un gran vientre interior, con muros en punta de estrella y ventanales de alabastro traslúcido.

Moneo ofreció un tributo físico a Miró en los terrenos que el pintor pisó, con una arquitectura rota, fragmentada. No es un museo que archive su obra sino un entorno para gozar de la cocina final de su arte. Murales, esculturas y muchas telas y ex votos ilustran el universo creativo del genio catalán.

LA OBRA DE UN ARQUITECTO. En el Port dAndraitx, el arquitecto Daniel Libeskind, autor del Museo Judío de Berlín y ganador del proyecto para reedificar la Zona Cero, devastada por los ataques del 11 de septiembre, inauguró el pasado mes de septiembre en el puerto de Andraitx el Studio Weil, un pequeño museo privado, encargo de una artista de Chicago, la escultora Bárbara Weil.

Libeskind quiso mostrar en su obra un espacio contemplativo, de ensueño doméstico, un alegato ajeno al romanticismo del paisaje mediterráneo de fondo que consolida la ambigüedad entre la memoria privada y el arte universal. Es el primer proyecto privado y de presupuesto modesto (720 mil dólares, para 350 metros hábiles) de este arquitecto. Fue un encargo de la colorista Weil, la escultora que hace 36 años arribó a Mallorca en velero, tras cruzar Europa por los canales fluviales, desde Holanda hasta el sur de Francia.

El museo ha tenido un costo de cerca de 15 millones de euros, sufragados por el gobierno balear, el Consell de Mallorca y el Ayuntamiento de Palma. Los fondos pictóricos institucionales completarán la colección central de Serra con piezas de Joan Miró, Miquel Barceló, Pablo Picasso, Magritte, Blanchard, Gris, Picabia, y los precursores mallorquines de los siglos XIX y XX.