Si se cumplen los plazos previstos, a las cuatro de esta tarde zarpará con su embarcación desde la Marina Rubicón de Lanzarote para unirse al resto de la flota del Gran Prix del Atlántico. El navegante solitario gijonés Bill Basagoiti apura sus últimas horas en tierra firme rematando arreglos y cargando provisiones en el Chiwake Comunicación, a bordo del cual cruzará el océano con destino a la Martinica, donde concluirá la regata, en la que compite con el patrocinio de EL COMERCIO.
Hoy llegarán a la isla canaria desde Barcelona, vía aérea, los repuestos necesarios para reparar el piloto automático del velero asturiano, que ha funcionado de forma intermitente en la primera semana de navegación, desde que se inició la competición, en La Línea de la Concepción.
«Las piezas que hemos pedido llegarán a mediodía y las montaremos rápidamente, porque la preinstalación está hecha y sólo nos queda atornillar y tirar un par de cables», señaló ayer el navegante, que confía en poder echarse a la mar ya esta tarde, porque «la espera se hace interminable».
Mientras, consume las horas «haciendo cositas en el barco y estudiando los partes meteorológicos para decidir si tomo la ruta Norte o la Sur. Intentaré irme hacia el Norte, porque anda por aquí una borrasca y tengo que aprovechar las zonas en calma que vaya dejando. A ver cómo se desarrolla».
Ayer aprovechó la jornada, asimismo, para el aprovisionamiento de víveres, ya que a partir de ahora todo lo que queda es mar abierto, sin más puertos de paso hasta la isla francesa de ultramar en la que concluirá la regata. «He comprado comida y manzanas frescas, aunque como las asturianas no hay ningunas. También me he dedicado a limpiar el barco y a mentalizarme para lo que queda».
Bill Basagoiti, que compite en la clase Mini 6. 5, afronta con optimismo las cerca de 2. 700 millas que le quedan de navegación en solitario. Espera poder recorrerlas «en quince días, siempre que encuentre buenos vientos».
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