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Diario desde tierra
2008-01-27
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Diario desde tierra
 
Lo primero de todo es tener la embarcación adecuada. Y adaptarla para lo que se espera de ella. El minitransat de Basagoiti fue fabricado en Francia y pensado prácticamente para esta aventura. Y hay que tener en cuenta que el cuidar todos los detalles no elimina el riesgo de que algo falle. A Bill se le averió el piloto automático. También hay que tener fortaleza física y mental. Estos dos aspectos, en el caso de Basagoiti, estaban debidamente superados, dado que se dedica profesionalmente a navegar. Es más que una afición. Y, por lo tanto, está muy acostumbrado a pasar largas temporadas en un barco, sin pisar tierra firme.

«Veía que los soportes de los timones volvían a moverse. Me levantaba y comprobaba que no, que no se movían. Así una y otra vez. Era cansancio puro y duro». Estas palabras corresponden a Jaume Mumbrú tras una travesía en solitario. En realidad, no veía nada. Todo era una jugarreta de su mente. Las alucinaciones son uno de los principales problemas a los que han de hacer frente quienes se hacen a la mar sin compañía alguna. La mente, agotada después de jornadas de esfuerzo continuado, con pocas horas de sueño intermitente, hace de las suyas y puede poner en peligro no sólo la expedición, sino también la vida del navegante. Bill reconocía que nunca ha llegado a tener alucinaciones. «Alguna voz sí he oído algo», decía. Y apelaba a su experiencia en la mar para saber mantener a raya a su mente. En las ocho jornadas que pasó en la mar, lo consiguió.

Aunque el navegante en solitario, lógicamente, vaya solo en el barco, cuenta con un equipo detrás. Y su labor cobra especial importancia al convertirse en el enlace del regatista con el resto del mundo. Sobre todo, para diseñar las estrategias a seguir durante la travesía y, sobre todo, la ruta por la que se navegará. El recorrido se elige en función de numerosos factores. Al navegar sin motor, los vientos que soplen se convierten en fundamentales en este proceso. Bill tenía que buscar los alisios, una vez que dejara atrás las Canarias, para que le propulsaran. Tras la avería que le tuvo 82 horas en Lanzarote, de acuerdo con Martí Freixas, su apoyo en tierra, optaron por acercarse lo máximo posible a la borrasca que anunciaban los partes meteorológicos, para aprovechar la fuerza de sus vientos. No pudieron poner a prueba esta estrategia.

El avituallamiento no es un problema menor en este tipo de empresas. Una vez que el barco ha zarpado, no hay posibilidad de parar para realizar compras. Así, para una travesía de una duración estimada de 25 días, Bill embarcó alimentos y agua para treinta días. Más vale prevenir. 120 litros de agua y 70 kilos de comida, envasados en sobres de 150 gramos cada uno.

Navegar en un barco que va a dos palmos del agua en medio del océano pasa factura. La humedad encuentra su espacio y puede acabar con todo. El moho se convierte en otro elemento más de la embarcación. Y qué decir de las heridas. Un pequeño corte puede no llegar a cicatrizar en toda la travesía. La solución a este quebradero de cabeza no es sencilla. Hay que intentar mantener lo más seco posible el barco. Fácil de decir, aunque muy complicado de cumplir en regatas como la emprendida por Basagoiti y que se convierte en algo que roza la utopía si la meteorología, caprichosa, regala un día de lluvia al navegante.