Tal vez Mallorca no pueda presumir de ser la isla que más amó Felipe de Borbón, 40. A cambio, es la isla donde más amó. En el Club de Mar palmesano germina el romance con Isabel Sartorius, tan desconocida que el idilio floreció desapercibido. La vikinga Eva Sannum fue huésped de Marivent, y no olvidemos a las camareras de bares nocturnos metamorfoseadas en princesas de una noche de verano. En plena navegación por Cabrera, Letizia Ortiz zanjó una disputa de amantes reclamando a un anterior galán para que la rescatara. El shock fue imprescindible para que el heredero aclarara su indecisión sentimental, rubricando su conversión con un matrimonio y dos hijas.
Reinar asusta, no es una ganga como presidir Endesa. Mallorca contribuyó en su levedad a la emancipación del heredero, cuando el Rey intenta sin éxito que los Príncipes le acompañen en el lanzamiento de un velero. Peinando el mar balear, Felipe de Borbón adquirió la intuición relampagueante que hasta los políticos nacionalistas le reconocen en mayo de 2005, impresionados por su preparación. Abucheado en la Universitat, encaró a los manifestantes y les ofreció la mano conciliadora. Los dejó estupefactos.
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